EL PULSO DEL NORTE
Soñé que no me encontraba
y en mi reflejo en la pared
sólo vislumbré
una sombra
que me miraba.

El pulso del Norte surge del diálogo entre dos árboles: uno situado en León y otro fotografiado durante un viaje a Noruega en la etapa del Erasmus.
Ambos funcionan como símbolos de dos estados emocionales enfrentados. El árbol de León representa una parte de mí vinculada a la infancia, a la identidad previa a la fractura y a una forma de habitar el mundo más luminosa y estable. El árbol de Noruega aparece en un momento muy distinto: un viaje en el que comprendí que llevaba años alejándome de mí misma y viviendo desde una tristeza constante que ya no sabía cómo sostener.
A través de la superposición, la intervención y la transformación de ambas imágenes, la serie explora el conflicto entre quien había sido y la persona en la que me había convertido, así como la necesidad de recuperar una conexión emocional que parecía perdida.
Las obras funcionan como espacios de tensión entre memoria, identidad y reconstrucción interior, donde ambos árboles terminan coexistiendo como parte de una misma experiencia emocional.
Técnica: arte digital a partir de fotografía original; 67 x 119 cm
Fotografías: Árboles de Trondheim y León.
I. EL YO ORIGINAL / León. Raíz. Infancia. Identidad aún intacta.
II. EL DESDOBLAMIENTO / Distancia emocional. Tristeza persistente. Sensación de extrañeza
III. LA FRACTURA - EL DUELO
IV. LA BÚSQUEDA / Intento de recuperación
V. EL PULSO DEL NORTE / Coexistencia
“Algunas pérdidas ocurren lentamente, hasta que un día dejamos de reconocernos.”
















